Por: Daniel Regalado Rojas
Son muchas las historias que cuentan cómo Leonardo Da Vinci pintó La Última Cena. Se dice que le tomó 3 años, también que transcurrieron 7 años de comienzo a fin; sin embargo, algo que sí ha sido confirmado, es que Leonardo utilizó a modelos, para recrear las imágenes de cada uno de los protagonistas de la tan importante obra.
Hay una serie de secretos en la imagen; pero lo que más me ha fascinado, es la historia del personaje que utilizó para recrear a Jesús. Se cuenta, que fue un joven de unos 19 años, por tener una piel delicada sin cicatrices, gestos moderados y una mirada pura. Leonardo plasmó en su pintura, los rasgos particulares que definían a cada discípulo y quiso encontrar a alguien que pudiera tener una imagen que personalizara especialmente a Judas. Buscaba un rostro marcado por la avaricia, la decepción, el resentimiento y capaz de traicionar, mentir y hacer lo necesario para sí, sin importar los demás.
Resulta que pasó mucho tiempo entre el momento en que Leonardo Da Vinci plasmó a Jesús y a Judas. La persona que sería usada para plasmar a Judas fue encontrada en el calabozo de Roma. Un preso sentenciado a muerte, cuyos rasgos eran tal que no cabía dudas, era la mejor opción.
Cuenta la historia, que luego de Da Vinci terminar de agregar a Judas en el lienzo, el modelo le dijo llorando: No sabes quien soy? Soy el mismo hombre que usaste para pintar a Jesus años atrás. Era increíble como los años habían marcado y cambiado el rostro inocente de aquel ahora perturbado hombre.
Esa extensa introducción no solo sirve para aportar un poco de cultura general, sino también para que veamos cómo un ser humano puede, al pasar de los años, tomar decisiones que lo condenen a transformarse en totalmente lo contrario a lo que percibimos.
El caso de Danilo Medina, basta con observar fotos o el video de ese año 2012, el momento en que agradeció a Leonel Fernández cito: «A él le debo que pudiese estructurar la unidad más sólida que partido alguno haya podido estructurar» y luego, trasladarnos a unos años después, aquel discurso en el Estadio Olímpico donde entre otras cosas dijo: «Es más, yo lo hice mejor que él» o podemos más recientemente observar su discurso de cierre del congreso y ver que mientras para Hipólito Mejía, Leonel Fernández y Fefita la Grande el tiempo parece tener una misericordia especial; con el Lic. Danilo Medina, pareciera que el tiempo corre a una apresurada velocidad.
Esta transformación, aquella dermatitis, marcó el momento en que un hombre tomó la decisión de desviarse del camino que había seguido y amplia los rasgos negativos, que por tanto tiempo llevó moderadamente controlados.
Al igual que el personaje de Judas, sabemos que Danilo, al observarse en el espejo y mirar a su alrededor, se siente el más infeliz de los infelices, pero ya el cambio está hecho y no puede dar vuelta atrás. En ese mismo sentido, su futuro también está escrito y al igual que el personaje de Judas ya su sentencia esta escrita.
